Reflexiones

¡NUNCA TE DETENGAS!

 Detrás de cada línea de llegada existe una línea de salida. Insistes, también si los demás esperan que tu desistas. No dejes que se oxide el hierro (la energía) que hay en ti. Asegúrate de que, más bien que compasión, te guarden respeto. Cuando ya no puedes correr, camina veloz. Cuando ya no puedes caminar veloz, camina. Cuando ya no puedes caminar, usa el bastón. Pero, ¡nunca te detengas!”.

 Es con esta muy linda y significativa frase de Madre Teresa de Calcuta, mi deseo de dirigirme a todos ustedes, Hermanas y Hermanos, amigos del corazón, para que nunca desistamos de seguir en la lucha que nos corresponde realizar a todos en esta circunstancia tan desagradable que nos ha tocado vivir, el COVID-19. Junto a las diferentes autoridades que dan lo mejor de sí para vencerlo.

 Una realidad que, frente a los incalculables avances de la ciencia y de la tecnología, nunca hubiéramos pensamos que nos iba a tocar. Todavía no nos convencemos que, por cuanto se vaya progresando en los diferentes aspectos de la ciencia, nunca dejará de faltar algo que descubrir. Descubrimientos que siempre estén a favor del ser humano, de su naturaleza, de todo lo que el Señor, nuestro Dios, que nos ama, ha dispuesto para nuestro verdadero bienestar natural y sobrenatural.

 Es en vista de este segundo bienestar – el sobrenatural - que definirá nuestra futura dicha eterna, que el Señor, por intermedio de la Iglesia, nunca deja de incentivarnos a refrescar nuestra memoria sobre todo lo que nos ayude a orientar nuestra existencia conforme el proyecto de salvación que el Señor, en su inconmensurable amor, ha establecido para el verdadero bien de toda la humanidad.  Para ello, al llegar a la etapa final de la cuaresma e iniciándose la semana santa con el Domingo de Ramos, nos espera participar y vivir el Triduo Pascual: Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado de Gloria: pasión, muerte y resurrección del Hijo de Dios. Misterios que no pueden quedarse en un simple recuerdo. Más bien tienen que dar vida, la que tanto necesitamos, no solo en estos momentos de preocupación, de duda e incertidumbre, sino durante toda nuestra existencia.

 Jueves Santo.  El día en que Jesús, antes de empezar con la etapa final de su vida, como hombre, sigue manifestándonos su amor. Y por eso instituye el Sacramento de la Eucaristía. Una presencia viva y verdadera bajo la forma de pan. Un amor que no se limita exclusivamente a ese momento de su institución, sino que, se proyecta hasta el final de los tiempos. Jesús con la Eucaristía instituye también el sacerdocio. Es decir, da el poder a quien corresponda – a los sacerdotes - para que este sacramento eucarístico siga derramando vida en quien lo reciba en gracia de Dios. Un milagro que sigue repitiéndose toda vez que se celebra la Santa Misa, pues, como se afirma en la Comisión Episcopal de

Liturgia: “Celebrar la Eucaristía no es simplemente recordar algo; es hacer presente a Alguien, tal

como él mismo nos mandó. Adorar el Sacramento del altar no es venerar una cosa santa, como una reliquia; es entrar en comunicación con alguien que allí se nos hace presente y que es Cristo, Dios y hombre, entero e íntegro, con quien nos unimos en la comunión eucarística”. Si bien no nos será posible participar como de costumbre en la acción litúrgica de la Santa Misa, nadie podrá quitarnos la oportunidad de participar indirectamente a algunas de las diferentes funciones que se transmiten vía los medios de comunicación social y hacer nuestra comunión espiritual.

 Viernes Santo. Pasión y muerte de Jesús. Con tal de cumplir con la voluntad del Padre y realizar su proyecto de salvación, con mucho sufrimiento, Jesús se sometió a toda suerte de maltratos. Algo imposible de soportar por un ser humano cualquiera, pero Jesús los aceptó. Solo se piense a los vejámenes recibidos antes de ir camino al calvario, cargar con la cruz, sus tres caídas y la necesidad que el cireneo lo ayudara, porque ya era imposible seguir adelante. ¿Qué decir luego del encuentro con su madre, María? Una mamá ¿podría aguantar todo lo que le hicieron a Jesús? Creo que sería para privarse y, quien sabe, no levantarse más… Pero María todo lo soportó como respuesta de aquel “SI”, que dio al aceptar de dar las semblanzas humanas al Hijo de Dios, colaborando con el proyecto de salvación divino… Desde los horribles sufrimientos de la cruz, Jesús nos la dejo como mamá… Si bien Jesús sufrió una sola vez para siempre, no podemos olvidar de no asociarnos a su pasión conforme lo indicado por Pablo: “Completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo” (Colosenses 1, 24). Nos compete a todos hacer realidad en nuestra existencia la pasión de Cristo con una vida vivida conforme los valores que rescatamos de la palabra de Dios.

 Sábado de Gloria. Un día de intensa emoción espiritual. Se abre con la liturgia de una serie de simbolismos cuyos significados enriquecen y orientan nuestra vida espiritual. La bendición del fuego, amor que une; el cirio pascual, Cristo luz que, con su divina palabra, alumbra; la bendición del agua, para los nuevos bautizados. Todo matizado con la palabra divina. Con la celebración de la Eucaristía se dará el anuncio de la resurrección del Hijo de Dios. Fue con el testimonio de las mujeres. Las primeras que, como siempre, preocupándose del Señor, fueron al sepulcro para darles los últimos adioses  y, con muchísimo  estupor,  se dieron cuenta  que el sepulcro  estaba  vacío.  Cristo había resucitado. Verdad declarada por el mismo Señor antes de su pasión que iba a resucitar el tercer día…Un hecho que si bien se realizó hace más de dos mil años, sigue siendo fuente de vida en proyección a la plenitud de vida, que compartiremos con el Señor el día que tendremos al dejar esta dimensión. ¡Aleluya, Aleluya! ¡Cristo Resucitó! Resurrección que es garantía de nuestra fe. Para ello Pablo afirma: “Si Cristo no hubiese resucitado vana sería nuestra fe, seríamos La gente más digna de lastima…” (1 Corintios 15, 14-15). Verdad que nos corresponde realizar a todo dar con nuestro testimonio de vida cristiana, pues con la resurrección de Jesús se hace realidad nuestra salvación.

 Apreciados  Hermanas  y  Hermanos,  amigos  del  corazón,  conforme  nos  indica  Madre  Teresa  de Calcuta, “no dejemos que se oxide el hierro” – es decir las energías del espíritu – “que hay en nosotros”. Aprovechemos de esta circunstancia para reflexionar sobre los misterios que dan sentido a nuestra existencia y nos permiten mirar el futuro siempre con renovada esperanza. Jesús está con nosotros, entre nosotros, sabe cuáles son nuestras necesidades en especial en estos momentos. No podemos desconfiar de su ayuda. Acudamos a él con la confianza que nos da su resurrección, garantía de nuestra fe.

 

El Señor Resucitado y la Virgen María nos bendigan. P. Francisco Lafronza (P. Felipe)

Surco 8 de abril 2020