“ABRAZAR AL SEÑOR PARA ABRAZAR LA ESPERANZA”

Es con esta invitación que el Vicario de Cristo, el Papa Francisco, nos alienta con firmeza y mancomunadamente a enfrentar esta pandemia para superarla y vencerla con amor, fe y esperanza. Virtudes y valores que no pueden faltar en toda nuestra existencia, pero sobre todo en estos momentos de zozobra.

Los que participamos y vivimos el día 27 del presente mes, a las doce del día, el mensaje del Santo Padre,  recibiendo en nombre de Dios la bendición “Urbi et Orbi”, es decir a todos los ciudadanos de Roma, como su obispo, y a toda la cristiandad del mundo, como Vicario de Cristo, vivenciamos   momentos de mucha reflexión y de una inmensa sensibilidad humana y cristiana. Todo el mundo está sufriendo la misma problemática del COVID-19 y a todos nos corresponde  participar responsable y solidariamente,  para superarla y vencerla.

El Papa, muy preocupado, tomó como tema de reflexión el evangelio de Marcos al capítulo cuarto desde los versículos 35 hasta el 41, sobre “la tempestad calmada” por Jesús. El Señor se encontraba con los discípulos en la misma barca, cuando, de repente, una fuerte tempestad empezó a sacudirla. Los discípulos empezaron a tener miedo y se extrañaban cono Jesús estuviera durmiendo, despreocupándose aparentemente de la situación. Para ello, Jesús los reprende: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”.

Los discípulos, por la experiencia adquirida durante el tiempo vivido al lado de Jesús, hubieran tenido motivos de sobra para tener la plena seguridad que no les iba a pasar nada. Él sería la misma seguridad al vencer cualquier tipo de dificultad. Seguridad y confianza que todavía les faltaba a los discípulos por el hecho de que el Espíritu Santo no había bajado en su interioridad para transformarlos, como aconteció el día de Pentecostés, habilitándolos para vivir en carne propia y luego proclamar el Reino de Dios…

En la presente circunstancia de mucha preocupación por el COVID-19, con justa razón, Papa Francisco, en su mensaje hace referencia a tres aspectos,  entre otros, de mucha importancia para vencer todo temor, aunar esfuerzos y juntos tener la oportunidad para vencer este mal, que, directa o indirectamente, nos ha afectado a todos. Es decir, un llamado para renovarnos en la verdadera caridad, en la fe y en la esperanza.

“¿Por qué tenéis miedo?”. No tendríamos por qué preocuparnos de las contrariedades de la vida, si pensamos que Dios está de nuestra parte, el hecho es que nos hace falta una necesaria renovación de nuestro amor hacia quien nunca ha dejado y deja de amarnos, el Señor. Un amor que une y no divide, que nos une a Dios y a nuestros semejantes en nombre de Dios. Un amor que no podemos condicionar a nuestros caprichos. “No es el momento de tu juicio – afirma el Santo Padre -  sino de nuestro juicio. El tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es”. Pues – sigue Francisco - “La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad”.

Hemos confiado demasiado en nuestros esfuerzos, en nuestras capacidades intelectuales, en la tecnología, en la ciencia, marginando a Dios de nuestra existencia como si no tuviéramos nada que hacer con Él y, nos encontramos con las manos vacías…

“¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”. Un amor, que no puede ir al margen de la fe. Dos valores que van de la mano: amor y fe. Por eso Francisco,  al recordarnos las palabras de Jesús sigue insistiendo: “Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, “volved a mí de todo corazón” (Jl 2,12). Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección”. Y no puede haber mejor elección que escogerlo a Él, el único que por la fe que tenemos  puede darle el verdadero sentido a nuestra existencia.

“Una fe que requiere obras, esfuerzos, sacrificios que muchas veces conlleva cargar con la cruz “Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar”.

“¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”  “El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar. El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado.(…) No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza “hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar”.

Apreciados Hermanas y Hermanos, amigos del corazón, sin olvidar la invitación inicial de Papa Francisco “Abrazar al Señor para abrazar la esperanza” y recordando los signos de los tiempos a que hace referencia Jesús en Lucas 12, 54-59, cuyo objetivo es palpar la presencia divina en los diferentes eventos de nuestra historia y en nuestra vida particular, que nos cuestiona cuando nuestro comportamiento está al margen de sus valores o nos alienta cuando los vivimos y compartimos, aprovechemos de esta circunstancia del COVID-19, no tan agradable, para renovar nuestro empeño de vida cristiana con el amor, que junto a nuestros semejantes, nos une al Señor que nos ama; con la fe, para aceptarlo sin condiciones, vivirlo y compartirlo con la plena seguridad de que jamás nos abandona y la esperanza de que muy pronto tendremos un futuro mejor, libre de toda angustia.

Sigamos orando. No desmayemos de orar.

El Señor y la Virgen de Guadalupe nos bendigan.

  1. Francisco Lafronza (P. Felipe)

Surco 29 de marzo 2020.


 

La semana que cambió al mundo fue vivida con mucha devoción en nuestro colegio.El lunes, martes y miércoles Santo, nuestra comunidad educativa tuvo espacios de reflexión personal y comunitaria en un clima de oración y de alabanza al Señor.
El lunes se escenificó los estudiantes de cuarto de secundaria escenificaron la entrada de Jesús a Jerusalén acompañados por todos aquellos que trajeron sus palmas y ramos. El martes se realizó el compartir el pan en las aulas y el día miércoles vivimos la pasión de Jesús en la escenificación del Vía Crucis por parte de los estudiantes de la promoción DEUS CARITAS EST.

Toda la Comunidad Educativa: hermanos franciscanos capuchinos, profesores y estudiantes celebramos la Pascua de la Resurrección en el patio del colegio.

Un agradecimiento especial a las promociones DEUS CARITAS EST y PORTA FIDEI por su destacada participación y apoyo en las actividades de semana santa